Entretelones del “Tanquetazo” del 29 de junio de 1973, cuando el camarógrafo Leonardo Henrichsen filmó a los militares que acabaron con su carrera y…su vida

Exhiben IMAGEN FINAL, de Andrés Habegger:

 
Imagen Final es el documental del director argentino Andrés Habegger que aborda el asesinato del periodista bonaerense Leonardo Henrichsen, quien registró en su cámara a sus asesinos, mientras cubría el Tanquetazo, oTancazo, del 29 de junio de 1973, en Santiago de Chile. Es decir, el reportero filmó su propia muerte, durante la sublevación fallida, o ensayo del sanguinario golpe que los militares y sus jefes civiles de la oligarquía chilena asestarían contra Salvador Allende, el 11 de septiembre del mismo año. Esta es la historia que relata la película de 96 minutos, hecha para la pantalla grande y exhibida en las salas de cine de Buenos Aires desde 2010. Recrea una de las imágenes más famosas de la historia mundial del periodismo. Quizás por eso, la cadena árabe Al Jazeera la distinguió con el Gran Premio al mejor documental 2010 en todo el mundo. En la exhibición estará presente el periodista que en 2006 descubrió la identidad del asesino jefe y los soldados de su patrulla.
Imágenes integradas 1
El camarógrafo enfrenta con su cámara al cabo segundo del ejército chileno Héctor Hernán Bustamante Gómez y sus hombres. El cabo se disfrazó de oficial mientras estuvo al mando de una patrulla del Regimiento Blindados N° 2, que operó en las cercanías del palacio La Moneda, en Agustinas y Morandé.
 
La exhibición será el martes 2 de octubre a las 18 horas, en la librería Le Monde Diplomatique, San Antonio 434, local 14, Santiago. (Entrada libre). El DVD está a la venta en $3.990 (menos de 8 dólares) en Le Monde Diplomatique y por Internet, en el catálogo de la editorial Aún Creemos en los Sueños:http://www.editorialauncreemos.cl/dvds/white109-dvd-imagen-final-un-camarografo-que-filma-su-propia.html.
 
Breve historia
Casi 40 años atrás, Henrichsen tomaba desayuno en el desaparecido Hotel Crillón de Santiago. Sobre su mesa tenía los abundantes diarios de todas las tendencias que entonces existían en Chile, algunos a favor y la mayoría en contra del gobierno legítimo de Salvador Allende. Entonces se vivía en Chile una situación política muy distinta a la de ahora, donde hace casi 4 décadas el pensamiento político está sometido al control de sólo dos diarios monopólicos que se pueden leer en todo el país, El Mercurio (de Agustín Edwards) y La Tercera (de Álvaro Saieh). Las dos cadenas periodísticas nacionales ostentan la misma tendencia política neo-conservadora. Probablemente por eso tampoco anuncian actividades culturales y políticas como la exhibición de este documental. Las dos cadenas, y sus 25 diarios regionales, sirvieron a la dictadura, incluso con la difusión de noticias falsas, a veces fabricadas en conjunto con los servicios de inteligencia, como está demostrado en decenas de procesos judiciales y sanciones éticas del Colegio de Periodistas.
 
El camarógrafo argentino y su jefe, el periodista sueco Jan Sandquist, corresponsal de Radio & TV Suecia, disponían de abundante información periodística sobre la crisis desatada en Chile por EEUU, la derecha y los militares para hacer ingobernable la gestión de Allende. Pero el desayuno de Henrichsen fue interrumpido por los ruidos estruendosos de los tanques que ese día mataron a 22 personas en las calles de Santiago, y edificios circundantes a sus operaciones, y dejaron un centenar de heridos, entre ellos el estudiante estadounidense de ciencias sociales Frank Randall (“Randy”) Teruggi Bombatch, detenido en la tarde (20:15 hrs.) del 20 de septiembre que después, durante la noche del 21 al 22, fue fusilado fríamente por los militares chilenos en el Estadio Nacional –al igual que el periodista Charles Horman, estadounidense de 30 años– siguiendo órdenes del jefe de la Misión Militar de EEUU, el capitán de navío Ray E. Charles, cuya extradición fue solicitada el 19 de abril de 2012 por el juez especial Jorge Zepeda Arancibia, según la causa Rol 2182-98 que aún pelea en la justicia la abogada Fabiola Letelier por instrucciones de ambas familias norteamericanas.
 
Dos minutos de imagen al precio de la vida
Como cualquiera de los numerosos corresponsales extranjeros que cubría la situación político-social en Chile, Henrichsen salió a indagar y a registrar en su cámara Eclair 16 mm todo lo qué estaba ocurriendo en calle Agustinas, entre Morandé y Bandera,
a una cuadra de su hotel. Alcanzó a filmar 2 minutos, porque los militares le dieron muerte sin contemplaciones por su evidente condición de periodista, “no-beligerante”, en una situación en que el “enemigo” eran los civiles, principalmente los estudiantes que a esa hora temprana del viernes 29 de junio iban a clases, como lo muestra la filmaciónIncluso registró en  su cámara a quienes lo mataron, en el mismo instante en que le daban muerte, pero a pesar de existir esa evidencia en imágenes de militares disparándole, éstos asesinos a sangre fría sólo pudieron ser identificados por este periodista 33 años después.
 
El camarógrafo no alcanzó a enterarse de las dimensiones del acontecimiento que estaba cubriendo. El intento de golpe militar contra el gobierno legítimo de Salvador Allende fue una suerte de ensayo general digitado desde la sombra por la organización facistoide Patria y Libertad y otros civiles de extrema derecha, que sacaron a las calles los tanques del Regimiento Blindados N° 2, de Santiago, al mando del coronel de ejército Roberto Souper Onfray, que ni siquiera alcanzó a estar preso porque el golpe definitivo, acaecido 72 días después, el 11 de septiembre, convirtió a este oficial en una suerte de héroe castrense.
 
Entre más de cien efectivos militares disparando a mansalva por las calles de Santiago se encontraba el asesino del periodista, el cabo segundo del ejército Héctor Hernán Bustamante Gómez, 30 años, al mando de una patrulla transportada en una camioneta ¾ Toyota blanca que se estacionó en Agustinas y Morandé. El asesinato de Henrichsen quedó en la más absoluta impunidad, porque la justicia estimó que el delito había “prescrito” y no fue asimilado a los crímenes de lesa humanidad, que según los cánones legislativos y judiciales locales sólo se cometieron en Chile a partir del 11 de septiembre de 1973.
 
Breves datos del alzamiento
 Las imágenes de Leonardo Henrichsen fueron conocidas porque la casualidad quiso que el periodista y escritor Eduardo Labarca viera desde lo alto de un edificio cómo los militares en retirada abrían una alcantarilla y arrojaban una cámara de cine, la herramienta de trabajo del reportero. Como era película Agfa color reversible, en Chile no existía tecnología para revelarla, trabajo que se hizo a los pocos días en Buenos Aires.
 
Los dos minutos filmados por Henrichsen fueron incluidos en una edición especial, de doble duración, del Noticiario Chile Films, que dirigía el mismo Labarca, pero la historia fue inmediatamente censurada por el fiscal militar que investigó el alzamiento, el coronel (J) Francisco Saavedra Moreno, quien prohibió el noticiario y la reproducción de todos sus fotogramas.
 
Muy pocas personas alcanzaron a ver ese corto-metraje informativo que se exhibió en los cines a fines de julio de 1973, casi un mes después de los hechos. El 24 de julio, La Nación alcanzó a publicar en portada el fotograma de Bustamante disparándole a Henrichsen, con una titular que decía “Éste es el asesino: el muerto lo acusa”.  Por tanto, muchos creímos que el militar ya había sido identificado.
 
Bustamente muere en la cama
● Curiosamente, el cabo Bustamante Gómez fue uno de los pocos heridos atacados por las fuerzas “leales” a Allende, sacadas casi a la fuerza del regimiento Tacna por el comandante en jefe del ejército, el general Carlos Prats González, quien caminó por la Alameda delante de los soldados, junto al jefe de ese regimiento, el entonces coronel Julio Canessa Robert, pinochetista de tomo y lomo, senador (1968-2006) designado –no elegido en votación popular– por el Consejo de Seguridad Nacional y “Representante del Ejército en la Junta de Gobierno” (nov.1985 – dic. 1986).
 
Estas tropas que se estacionaron cerca de La Moneda, junto al ministerio de Educación en Alameda y Teatinos, dispararon sobre la camioneta 3/4 que conducía Bustamante Gómez porque éste no acató la voz de alto cuando se retiraba de la escena, tras el fracaso de su misión de ingresar a La Moneda por un subterráneo adyacente o conseguir alguna noticia de las fuerzas del regimiento Buin, que no cumplieron con la cita golpista. A bordo del vehículo hubo un muerto, varios heridos y Bustamante, con balas de guerra en las extremidades, fue a dar al hospital militar, donde además quedó preso hasta que se recuperó, meses después del golpe.
 
La causa en la justicia militar por el delito de sublevación fue sobreseída el 19 de septiembre de 1973 por el general Herman Brady Roche, jefe de la guarnición de Santiago y comandante de la II división del ejercito, oficiando como “juez militar”. En 2001, el juez español Baltasar Garzón ordenó a Interpol la captura de Brady, quien fuera ministro de defensa de Pinochet, por los asesinatos de los colaboradores de Allende en La Moneda.
 
En 2004, Brady comenzó a ser juzgado en Chile, estuvo preso y murió en 2011. Bustamante Gómez falleció en una cama del hospital militar por “neumonía basal izquierda”, el 18 de diciembre de 2007, después de amenazarme de muerte reiteradamente –al teléfono de mi casa–, tras una funa, o scratch, realizada frente a su domicilio el 18 de agosto del mismo año. O sea, sobrevivió a la funa, exactamente, 4 meses.
 
El doble juego de Pinochet
● El rol de Pinochet ese día también fue muy curioso. Su obligación como jefe del estado mayor del ejército era estar cerca de su jefe, el comandante en jefe Carlos Prats González, porque al fin de cuentas, más allá de la sonajera del cargo, se trata de un secretario de confianza del número 1 de esa rama castrense.
 
Pero se fue a meter por su cuenta al regimiento Buin, en el área norte de la ciudad, donde ya estaba su comandante, el coronel golpista Sergio de la Puente, quien estaba en connivencia con Souper Onfray, el jefe del regimiento de tanques alzado, pero mandó a sus tropas al mando del coronel Felipe Geiger Stahr, quien finalmente se quedó cerca del centro de los acontecimientos y decidió no intervenir. Ese contingente, que recibió órdenes del comando de Prats de no atravesar el río Mapocho y quedarse en la ribera norte, no cumplió esa instrucción, cruzó el río y merodeó cerca del escenario del fallido golpe, básicamente radicado en los alrededores de La Moneda. En la práctica, esas tropas tuvieron ese día dos jefes: Pinochet y Geiger.
 
Cuando los golpistas reconocieron que no tenían futuro y retiraron los tanques y vehículos con tropas, después de la huida de Souper apareció Pinochet en el palacio de La Moneda, diciendo que estaba al mando de las fuerzas del Buin, en circunstancias que ese regimiento tenía su propio jefe y, además, su investidura de jefe de estado mayor lo obligaba a estar siempre cerca del comandante en jefe, a quien no vio durante toda la mañana de la jornada del 29 de junio. Cuando el presidente Salvador Allende llegó al palacio a mediodía, Pinochet se cuadró y le dijo “Todo bajo control, mi Presidente”, ante los distraídos Prats y el ministro de Defensa José Tohá.
 
Otro detalle curioso fue que todos los altos oficiales verdaderamente leales al Presidente y a la Constitución, incluido el general Prats, anduvieron toda esa mañana vestidos con el uniforme corriente, la llamada “gabardina 2”, utilizada por reglamento para trabajos de oficina. En cambio, Pinochet apareció de fagina, “vestido para matar”, con ropa de combate, como si hubiera sabido desde antes que esa mañana habría combates. Este detalle fue registrado en el “Diario de Guerra” que debió abrir ese día el general Guillermo Pickering, jefe del comando de institutos militares, quien sospechaba de Pinochet y diseñó con Prats cómo se sofocaría la intentona de golpe, constituyendo el comando de operaciones en su propia oficina, en la Escuela Militar.
 
Lo más probable es que Pinochet haya permanecido toda esa mañana “al cateo de la laucha”, esperando ver hacia dónde se inclinaría la balanza del poder y cuál sería la fuerza real que exhibirían los golpistas, a quienes también les falló el apoyo civil y paramilitar comprometido por la organización fascista Patria y Libertad, cuyos miembros no aparecieron por ninguna parte, a pesar que esa misma madrugada sacaron del regimiento de tanques abundantes armas largas y pesadas que les fueron entregadas por los oficiales sublevados. Para esa fecha, Prats y Allende tenían confianza absoluta en la lealtad de Pinochet.
 
En la “foja” 342 del expediente de la causa de la justicia castrense N° 2765/73, que el ejército instruyó inmediatamente después del intento de golpe, a cargo del fiscal Saavedra Moreno, de la Segunda Fiscalía Militar, el teniente coronel Souper Onfray declaró el 9 de julio de 1973: “En relación a la referencia de fojas 247 vuelta, que de mí hace el cabo 1º Alejandro Latorre, no es totalmente efectivo, puesto que cuando llegó junto a mi tanque el Capitán Allende le pregunté por el Comandante del Buin, haciéndole además la pregunta expresa de ‘¿dónde estaba la ayuda del Buin?’. Él me contestó que estaba al mando de la Unidad mi general Pinochet y que luego de consultar volvería junto a mí; pero no lo hizo”. Esta declaración por lo menos confirma la connivencia previa del Buin con el intento de golpe y el oscuro rol que jugó Pinochet.
 
*) Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno, descubrió al asesino de Henrichsen, Héctor Bustamante, 33 años después del crimen.
 
 

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Ernesto Carmona Ulloa
569 – 9599 8151
Chile
 

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MAPOCHO PRESS
Santiago – Chile
Reproducción permitida / Citar fuente
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Publicado el octubre 2, 2012 en De mis archivos. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Magistral artículo histórico que tiene una gran vigencia en nuestros días con los acontecimientos que se viven en nuestra hermana Venezuela y el papel jugado por el Gobierno norteamericano y el Sr Luís Almagro al frente de la despretigiada OEA.
    Nuestro reconocimiento a los periodistas dignos que día a día salen a las calles a jugarse su propia vida por informar la verdad de lo que acontece y a los cuales la oposición venezolana le ha declarado la guerra por estar aferrados a la verdad.
    Sería muy bueno que la multinacional Telesur pasará en su canal el documental Imagen Final para su visionado en nuestra América.

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