El legado de Obama: “Construir nuevos puentes, olvidando el pasado”

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Por  Hugo Morales Karell

El “Premio Nobel de la Paz”, Barack Obama dejará la silla presidencial en enero del 2017 cuando en el acostumbrado Show electoral entre Demócratas y Republicanos se defina quién lo sucederá, es por ello que se ha visto enfocado en su último año de mandato en tratar de consolidar su legado.

Esto ha constituido una práctica en las 43 administraciones precedentes, y cada uno de los Presidentes, desde los padres fundadores hasta los más recientes son recordados por su servicio al pueblo estadounidense o a “la humanidad”. Tal es así, que George Washington, se reconoce como el “Fundador de la Nación”; Abraham Lincoln como el abolicionista de la esclavitud; Franklin D. Roosvelt por sacar al país de la Gran Recesión de 1929 y Truman por poner fin a la Segunda Guerra Mundial, entre otros.

En el caso de los 10 últimos Presidentes se conoce que Eisenhower, es famoso por terminar con la segregación racial en los colegios e instituciones militares; John F. Kennedy, por su carisma en los debates televisados; Lyndon B. Johnson, por la firma del histórico “Civil Rights Act”, la ley de Medicare y Medicaid, y por nominar al primer juez afroamericano a la Corte Suprema; Richard Nixon por abrir una nueva era en las relaciones entre China y Estados Unidos; Gerald Ford por ayudar a la nación a recuperar la confianza en sus instituciones; Jimmy Carter por el “respeto a los Derechos Humanos como fundamento de la política exterior estadounidense”; Ronald Regan por contribuir a la derrota del campo socialista; George Bush, padre, por manejar una era de dramáticos cambios geopolíticos; Bill Clinton por preparar al país para la economía global y George W. Busch por ser uno de los peores presidentes de nuestra era.

Cabría la pena preguntar, cuál será el legado de Obama, además de ser el primer afroamericano en llegar a ser Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas imperiales. Esa pudiera ser la incógnita, pero si evaluamos algunos de sus últimos discursos en Cuba, Argentina, Vietnam o Hiroshima su principal legado es tratar de “construir nuevos puentes, olvidando el pasado”.

En Cuba -durante la primera visita de un presidente estadounidense en ejercicio en más de 80 años- Obama pronunció un discurso en el que dijo: “La Habana se encuentra tan solo a 90 millas de Florida, pero para llegar hasta aquí tuvimos que recorrer una gran distancia: derribar las barreras de la historia y la ideología […] Desde 1959, hemos sido como boxeadores con un contrincante imaginario en esta batalla de geopolítica y personalidades. Conozco la historia, pero me niego a verme atrapado por ella […] La historia de Estados Unidos y Cuba abarca revolución y conflicto; lucha y sacrificio; retribución y ahora reconciliación. Ha llegado el momento de que dejemos atrás el pasado. Ha llegado el momento de que juntos miremos hacia el futuro, un futuro de esperanza”.

¿A qué nos convoca Obama? A olvidar la historia de Cuba y la de su Revolución que llegó a 1959 tras un saldo de alrededor de 20 mil muertos en combate contra las fuerzas de una dictadura militar entrenada, armada y asesorada por el Gobierno de Estados Unidos. La Cuba que ha sido blanco permanente de todo tipo de acciones hostiles y agresivas que han causado enormes pérdidas materiales, e incalculable sufrimiento a nuestros ciudadanos, penurias ante la carencia de medicamentos, alimentos y otros medios indispensables para la vida, olvidándose el Imperio de permitirnos gozar de los más elementales Derechos Humanos.

¿También debemos olvidar la historia de un Bloqueo económico, comercial y financiero por más de medio siglo, el más largo de la historia o las acciones encubiertas de la CIA contra Cuba, cargadas de todo tipo de “imaginaciones” para la realización de actos de sabotaje, bombardeos y otras acciones terroristas? Son tantas las cosas, que el presidente Obama nos llama a olvidar que dejaríamos de ser el heroico pueblo cubano, y por ende no tendríamos nada que legar a nuestros valientes jóvenes.

En Argentina, el presidente estadounidense, se reunió con “jóvenes emprendedores”– como si todos en esa edad de la vida no lo fuéramos- donde les propuso que no aceptaran el mundo como es, sino que lo crearan según sus deseos y reiteró: “Obviamente tenemos diferencias con el gobierno cubano. Pero le dije al presidente Raúl Castro: no podemos quedarnos metidos en el pasado”. Otra vez, pretendió inculcarles a los jóvenes que “olvidaran la historia”.

Pero Obama llegó casualmente a Argentina en el contexto del 40 aniversario del último golpe militar de 1976 y encabezó un homenaje a las víctimas de la dictadura en el Parque de la Memoria de esa capital. Allí señaló: “Ustedes han liderado los increíbles esfuerzos para individualizar a los responsables y harán que el pasado se recuerde y se cumpla con la promesa de nunca más. Esto es un tributo a la memoria, pero también un homenaje a la valentía y a la perseverancia de quienes los recuerdan y rehusaron abandonar sus esfuerzos en la búsqueda de la verdad y la justicia”.

Parece un ligero cambio de táctica, pero la estrategia seguía siendo la misma: “construir nuevos puentes”. Ojalá cumpla su promesa de “nunca más”, para que no se repitan los miles de desaparecidos, las crueles torturas y los hijos separados de sus padres, técnicas que aprendieron los paramilitares argentinos en la tristemente célebre Escuela de las Américas o como fuera apodada “La escuela de asesinos”.

En Vietnam, Obama casi repitiendo al calco las líneas de mensaje de su discurso en La Habana señaló: “[…] vengo aquí consciente del pasado, teniendo en cuenta nuestra difícil historia, pero centrado en el futuro […] Es posible que haya tropiezos y retrocesos en el camino. Habrá momentos en los que haya malentendidos. Implicará un esfuerzo continuo y un diálogo verdadero en el que ambas partes seguirán cambiando. Pero teniendo en cuenta toda la historia y los obstáculos que ya hemos superado, me presento ante ustedes hoy muy optimista sobre nuestro futuro juntos”.

¿Acaso el heroico pueblo de Ho Chi Minh, pudiera dejar en el olvido que en una larga guerra entre 1964 y 1975 fueron sesgadas las vidas de casi dos millones de vietnamitas, por el empleo de novedosas técnicas para “aniquilar enemigos”, que aunque pequeños en su estatura derrocharon tanto coraje que contra ellos hubo que emplear el Napalm, o el llamado “agente naranja”?

Ya en Hiroshima, era más importante para él los titulares de los grandes medios: “Primer presidente de Estados Unidos que visita la ciudad mártir”, que pedir perdón por las atrocidades de su civilizada nación en el pasado, así lo prometió antes de viajar y lo cumplió cabalmente. “Casualmente” cometió otro error, olvidó el pasado y en una poética frase dijo: “En una mañana clara y sin nubes, la muerte cayó del cielo y el mundo cambió”.

La muerte, no cayó sola del cielo, la trajeron dos aviones de la Fuerza Aérea estadounidense que lanzaron sendas bombas atómicas que ocasionaron la perdida de unas 220 000 vidas humanas, solo la mitad falleció los días de los bombardeos. Lo único que es cierto, es que el mundo cambió, pero no en la magnitud que estima el Nobel de la Paz, a partir de ese momento fue más convulso y se desató una carrera armamentista por el uso del arma nuclear que compromete hoy el futuro del que tanto nos habla Obama.

El 20 de enero de 2017 Obama pasará a la historia como el 44 presidente de Estados Unidos, y el futuro preguntará ¿cuál fue su legado para ser Nobel de la Paz?

Posdata: Presidente Obama, recordar el pasado no es mirar atrás por venganza, es aprender de los errores para no repetirlos.

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Publicado el junio 7, 2016 en Política y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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