El No Viaje De Mariana Y El Cuento Oculto

Resultado de imagen para El No Viaje De Mariana aylwin

Su pretensión de buscar la expulsión desde Cuba. El perfil político de quien sería su anfitriona. El contexto de asedio a la isla y la reacción del gobierno cubano.

Hugo Guzmán. Periodista. Mariana Aylwin, -la política conservadora que milita en la Democracia Cristiana chilena- llegó hace unos días al mesón de la línea área Copa en el aeropuerto de Santiago de Chile, para abordar un vuelo a La Habana, Cuba, con escala en Panamá.

De acuerdo a información que tienen diplomáticos y personeros de partidos políticos chilenos, funcionarios de Copa le indicaron que no podía abordar el avión porque las autoridades migratorias cubanas habían informado que ella no tenía autorización para ingresar a territorio cubano; las líneas áreas, en esos casos, no permiten el traslado del pasajero y arriesgan elevadas multas si lo hacen.

Mariana habría indicado a los funcionarios de Copa que quería subir al avión para viajar aunque fuese solo a Panamá y de ahí retornar a Chile. Se le habría indicado que eso no era posible porque su pasaje era “completo Santiago-La Habana-Santiago”. Ella insistió, pero no logró más que quedarse en Santiago.

Si Copa hubiese cedido a la pretensión de la militante DC, al llegar a La Habana habría sido reembarcada de vuelta a la capital chilena por las autoridades de la isla; y si solo hubiese llegado a Panamá, también habría ocurrido un retorno forzado a Santiago.

Es presumible pensar que, en ambas situaciones, eso habría generado un hecho político y comunicacional, y al arribar a Santiago, Mariana Aylwin habría sido recibida por dirigentes de su partido y de la derecha y una nube de medios de comunicación. Las críticas al gobierno cubano habrían sido duras y ácidas. Se habría exigido al gobierno chileno tomar medidas diplomáticas drásticas.

Allí radicaría la insistencia de la política conservadora en querer abordar la aeronave pese a conocer la prohibición de ingreso. No pudo lograrlo por la medida de Migración de Cuba, lo que inició el enojo de ella y sectores políticos oficialistas y de la derecha, y derivó en la decisión del gobierno chileno -sobre todo por gestiones de altos funcionarios de la Cancillería- de expresar su malestar al gobierno isleño y tomar la medida diplomática de “llamar al embajador” de Chile en Cuba.

El encuentro.

¿A qué iba a la isla Mariana Aylwin? Lo más difundido es que recibiría un reconocimiento a su padre, el ex presidente Patricio Aylwin. Pero era algo más que eso.

Estaría en un encuentro organizado por los grupos Movimiento Cristiano de Liberación (MCL) y “Cuba Decide”, opuestos a la Revolución Cubana y que piden el fin del gobierno de la isla. Ambos habían organizado un encuentro con políticos extranjeros para potenciar su rol disidente en la isla. Según las autoridades cubanas, los grupos que invitaron a la personera política chilena, actúan al margen de la Constitución del país.

La anfitriona de la reunión política disidente sería Rosa María Payá, quien haría entrega a varias personas extranjeras del Premio Oswaldo Payá, su padre, y fundador del MCL.

Tres de los personeros que recibirían ese premio, eran el ex presidente de México, Felipe Calderón, militante del derechista Partido Acción Nacional (PAN), contrario a las políticas del gobierno cubano; el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien en su labor cuestiona a Cuba, es opositor al proceso bolivariano en Venezuela y adversario de gobiernos de izquierda y progresistas en la región; y la conservadora militante de la DC chilena, Mariana Aylwin.

Ellos iban a estar junto a los grupos disidentes y la actividad se realizaría en un local en La Habana. Pero de acuerdo a versiones de diplomáticos y periodistas acreditados en la capital cubana, no era solo eso. Los tres tendrían una nutrida agenda con grupos contrarios a la Revolución Cubana, asistirían a una recepción en la embajada de Estados Unidos, y tendrían un espacio ante la prensa para expresar su respaldo a los anticomunistas y criticar al gobierno cubano, sobre todo en la línea de exigir cambios políticos internos y respeto a los derechos humanos. No era descartable que incluso participaran en alguna actividad pública en la calle en contra del gobierno local.

En el caso de Chile, ya ocurrió cuando los cubanos le dieron visa de entrada al parlamentario derechista Felipe Kast, y éste organizó y participó en una marcha de mujeres anticastristas, en lo que se consideró una intromisión directa en asuntos internos de Cuba.

Al parecer, las autoridades cubanas estaban informadas y alertadas de esa situación y, como se sabe, era algo inadmisible para el gobierno isleño. Actividades de ese tipo desarrolladas, entre otros, por el secretario general de la OEA, generarían incidentes mucho mayores de lo producido por el hecho de no permitir el ingreso a la isla.

Es así que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (Minrex), emitió un comunicado donde señaló que “el plan, tramado en varios viajes entre Washington y otras capitales de la región, consistía en montar en La Habana una abierta y grave provocación contra el gobierno cubano, generar inestabilidad interna, dañar la imagen internacional del país y, a la vez, afectar la buena marcha de las relaciones diplomáticas de Cuba con otros Estados”.

La anfitriona.

Rosa María Payá es una acérrima enemiga de la Revolución Cubana, califica de dictadura al gobierno y promueve el derrocamiento de las autoridades de la isla. Desde la muerte de su padre -hecho investigado por la policía cubana y por autoridades españolas ya que el vehículo en que viajaba y chocó contra un árbol era conducido por un ciudadano español, acreditando que se trató de un accidente, algo reconocido así por España- es una de las voceras anticomunistas que se relaciona con sectores políticos de derecha y democratacristianos en América Latina y Europa.

Ella no reside en Cuba, sino en Estados Unidos, y tiene nacionalidad española. Puede viajar a la isla sin prohibición, y en este caso fue solo a organizar el encuentro. En círculos diplomáticos se comentó que alguna razón tendría Payá para no haber realizado la actividad en Washington, o en Miami donde reside, si su objetivo era solo entregar un premio de su grupo a personas extranjeras.

Payá y su grupo trabaja con la Fundación para la Democracia Panamericana, una entidad derechista que tiene lazos en la región. Ella, hace un tiempo, fue puesta en un cargo directivo de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, de línea política anticomunista y conservadora, opuesta a la Revolución Cubana, al proceso bolivariano en Venezuela, y a las políticas transformadoras implementadas en países como Bolivia, Ecuador, Nicaragua y El Salvador. Hay informes públicos y que están en las redes sociales, de que esa organización, al igual que otras de corte anticomunista, reciben financiamiento del derechista National Endowment for Democracy (NED). También Payá tiene contactos con la Organización Demócrata Cristiana de América Latina (Ocda), y la derechista Unión de Partidos Latinoamericanos (Upla), en la que están, por ejemplo, la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN) de Chile.

Ella mantiene fuertes lazos y coordinaciones con la oposición venezolana anti-bolivariana y los ha acompañado en gestiones en Estados Unidos para desacreditar y exigir medidas contra el gobierno de Venezuela.

Rosa María Payá tiene fuertes vínculos con dos legisladores estadounidenses férreos enemigos de Cuba y que se opusieron a las políticas de Barack Obama respecto a la isla: Marco Rubio (Partido Republicano) y Robert Menéndez (Partido Demócrata). Y hace unas semanas solicitó explícitamente al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que haga algo para cambiar al régimen cubano.

Durante estos días ha enviado decenas de Twitter calificando de dictadura al gobierno isleño, reivindicando posturas anticomunistas, elogiando a sus invitados de fuerzas conservadoras, planteando la exigencia de echar abajo la Revolución Cubana y denunciando lo que califica de acciones “represivas” de las autoridades cubanas.

En 2013 Payá visitó Chile y el entonces presidente de la DC, Ignacio Walker, le dio el apoyo en la lucha contra la dictadura en la isla. También fue recibida y contó con el apoyo de la entonces candidata presidencial de la derecha, Evelyn Matthei, y de parlamentarios de la UDI y de RN.

En este marco, la Cancillería cubana recordó una serie de episodios contrarios a su país y que pretendían generar crisis políticas internas, organizadas y promovidas por grupos como los de Payá, junto al Centro Democracia y Comunidad y  el Centro de Estudios y Gestión para el Desarrollo de América Latina (CADAL), el Instituto Interamericano para la Democracia y la Ocda.

Daños colaterales.

Cuando la Cancillería cubana habló de afectar “la buena marcha” de las relaciones bilaterales con otros países con el episodio generado por Rosa María Payá, pudo no estar refiriéndose necesariamente, por ejemplo, a Chile. El tema puede ser más sensible; que para los cubanos este fuese un suceso que dañara y pusiera en peligro los avances en las relaciones con Estados Unidos.

Un incidente en La Habana que involucrara a una amiga política (Rosa María) de los republicanos ultraconservadores, que hace poco tiempo le pidió intervenir a Trump, que mantiene lazos de trabajo con legisladores anticastristas, y que representa “la voz de la libertad” según grupos políticos poderosos en EU, podría generar una reacción fuerte y agresiva de parte de la Casa Blanca. Más aun si en esos incidentes participara el secretario general de la OEA que es reconocido aliado de la Casa Blanca, y que para Washington representa una punta de lanza en la pugna contra Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Al parecer, haber puesto al gobierno cubano en un escenario de estar enfrentando incidentes dentro de su territorio con personeros políticos extranjeros, sin duda habría maltratado las relaciones bilaterales con Estados Unidos, que es donde hay fichas estratégicas puestas por Cuba. Esa sería una consideración básica de las autoridades isleñas.

De allí que diplomáticos cubanos contactaron a funcionarios del gobierno de Chile para explicar lo que se estaba programando en Cuba, que eso pretendía generar un hecho que afectaría vínculos con otros países y que no se podía permitir la organización de posibles incidentes. El comunicado del Minrex, en ese marco, indicó que “en un intachable acto de transparencia y de apego a los principios que rigen las relaciones diplomáticas entre los Estados, las autoridades cubanas se pusieron en contacto con los gobiernos de los países desde donde viajarían esas personas e informaron, trataron de disuadir y de prevenirla consumación de esos actos”.

Para como sucedieron las cosas, el gobierno chileno optó por respaldar el viaje de Mariana Aylwin y luego tomar medidas diplomáticas que, a lo menos, generaron una situación incómoda entre ambos países. Incluso se sabe en pasillos de la diplomacia, que altos personeros de la Cancillería chilena quisieron responder duramente la declaración de la Embajada de Cuba respecto al caso, lo que habría tensionado aun más las cosas.

En contraste, y quizá haciendo otra valoración de la situación, el gobierno de México no tomó ninguna medida excepcional, ni puso dosis de tensión con el gobierno cubano. La Cancillería mexicana no expuso una actitud hostil hacia Cuba por el no otorgamiento de visa a Felipe Calderón, aun siendo ex presidente. Probablemente porque a estas alturas las autoridades mexicanas entienden mejor a Cuba en cuanto a lo que significa lidiar con la Casa Blanca y sus políticas de intervención y hostilidad.

Algo que parece quedar claro a esas alturas, es que en el ámbito de las relaciones internacionales y en la región, el no viaje de Mariana Aylwin es apenas un minúsculo episodio, y que más bien el revuelo tiene que ver en la manera que se usó para la disputa política interna chilena, sobre todo en generar tensiones internas en el conglomerado oficialista Nueva Mayoría y en ataques al Partido Comunista, sobre todo desde posiciones como las de Mariana y el sector conservador de la DC.

¿Omitir el asecho?

Hay factores en este tipo de situaciones que influyen mucho en los cubanos. Sobre todo en circunstancias e historial que no es del todo común para muchos otros gobiernos y países de América Latina. Y es que los cubanos tienen experiencia en agresiones, generación de incidentes y la desinformación respecto a ciertas realidades.

Estados Unidos tiene aprobado un presupuesto de 20 millones de dólares anuales para ayudar a la disidencia cubana, aprobado por el Congreso y manejado por las Oficina de Latinoamérica y el Caribe (LAC) de la USAID (Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional); la Oficina de la Democracia, los Derechos Humanos y el Trabajo (DRL); y Asuntos del Hemisferio Occidental (WHA). En las últimas décadas, acciones contra el régimen socialista provocaron más de 2 mil muertos a la isla. Organizaciones internacionales como la Ocda y la derechista Unión de Partidos Latinoamericanos (Upla) están permanentemente atacando a esa nación. La ayuda de EU a disidentes incluye 4 millones de dólares para acciones en redes sociales y digitales. Hay 2 millones 900 mil dólares aprobados para “personas marginadas políticamente”, lo que significa dineros que van a las arcas personales de opositores. Uno de los invitados al encuentro de Rosa María Payá fue el secretario general de la organización que expulsó a Cuba de su seno y no se plantea reintegrarla. Desde Estados Unidos hay una radio y un canal de televisión contralados por el gobierno estadounidense destinado a emitir señal y contenido contrario a la Revolución Cubana. Poderosos sectores ultraderechistas y republicanos, junto a Los Halcones que integran el gabinete de Donald Trump, están planeando maneras de congelar e incluso echar atrás los recientes y crecientes acuerdos diplomáticos, migratorios y comerciales con Cuba.

Es en ese marco general, que contiene otros hechos y antecedentes, en que algunos grupos disidentes y personalidades extranjeras quieren desarrollar reuniones destinadas a hostilizar y presionar al gobierno de Cuba y a la Revolución Cubana.

En esas circunstancias, muchos analistas y políticos consideran ingenuo pensar que ahora se trataba tan solo de ir a recibir un premio.

Seguramente Mariana Aylwin seguirá protestando por su no viaje y tanto ella como otros personeros de la DC, de la derecha y de la Cancillería chilena continuarán criticando a Cuba. Eso ya es parte de la agenda interna de los sectores conservadores chilenos de acuerdo a sus declaraciones y reacciones en relación a la isla.

Al mismo tiempo, todo apunta a que Cuba seguirá en esa realidad de acoso y penetración extranjera, frente a lo cual, al parecer, seguirá tomando medidas que le eviten incidentes o tensiones internas provocadas por visitas extranjeras.

Anuncios

Publicado el febrero 26, 2017 en Política y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: